BARNES: VOTAMOS CON EL CORAZÓN SI NOS CONVENCEN O CON EL HÍGADO AL MENOS MALO

BARNES: "VOTAMOS CON EL CORAZÓN SI NOS CONVENCEN O CON EL HÍGADO AL MENOS MALO

Hemos pasado un par de horas escuchando y cambiando impresiones con Jorge Santiago Barnes, decano de la facultad de Comunicación de la Universidad Camilo José Cela, ahora en el ojo del huracán por la polémica estancia en ella del actual presidente del Gobierno.

Barnes es el director del Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política de dicha universidad, que se imparte en Madrid, en la céntrica calle Almagro (número 5) y es director del Centro Internacional de Gobierno y Marketing Político (CIGMAP), en el que están adscritos más de 200 especialistas de todo el mundo. También es miembro de la Junta Directiva de ACOP, la Asociación Española de Comunicación Política. Es autor de 12 libros sobre comunicación política y marketing electoral y analista político en varios medios de comunicación. Me permitirá el decano Barnes que aproveche para añadir mi visión personal al hilo de la suya en este post.

Barnes cree que “los de Obama y Trump son dos modelos de gestión de campaña distintos en un modelo muy encorsetado”. Afirma que los ciudadanos “votamos con el corazón si nos convencen o con el hígado al menos malo”.

A Obama le funcionó su mensaje claro de “cambio” y “sí se puede” y los mensajes a la contra venían de los demás. Yo añadiría que los candidatos republicanos como McCain y Romney se desesperaban, buscaban apropiarse del voto de centro o de la idea de cambio que ya monopolizaba Obama y perdían. Y como dice Barnes, en las elecciones de 2012, McCain puso el foco sobre la guerra, en la que había víctimas, y sobre la economía, que iba mal, y éso le costó la presidencia.

Yo personalmente, creo que es obvio que a Obama le votaron con el corazón, y a Trump con el hígado (aunque no creo ni antes ni después de las presidenciales americanas que Hillary fuera peor candidata que Trump, que está desequilibrado y fuera de balance personal y políticamente, aparte de que, como dice Krugman, Trump es un republicano típico que siente un odio racista hasta los pobres, no es una cuestión de recortar el gasto social).

Hillary, nos dice Barnes, fracasó porque ya había perdido contra Obama y porque la sociedad norteamericana demanda presidentes distintos en cada momento, y ha perdido a pesar de haber ganado a Trump en voto popular. Pero el sistema de delegados en los 51 estados resultó favorable a Trump, que se presentó como una víctima del sistema y que prometió a un sector de sus votantes y perdedores de la globalización la vuelta de las empresas a USA desde el exterior. Trump se alimentó del famoso “primero te ignoran, luego te insultan y al final, ganas”. Las consecuencias ya las conocemos.

Cree que “llegó un momento en el que el Partido Demócrata consideró que era necesario un cambio de perfil en su candidato, que fuera de raza negra o una mujer”, pero lo cierto es que en las últimas elecciones “arrinconaron” (por decirlo de una forma suave) a Bernie Sanders en algunas primarias y encima Hillary finalmente perdió. Quizá en parte porque los propios partidario de Sanders no la votaron o quien sabe si algunos llegaron a votar a Trump por resentimiento, lo cual fue un error.

Barnes se muestra crítico con los electorados porque “criticamos la gestión política, pero luego ni votamos”. En el caso de España, yo tengo mi propia explicación a este fenómeno, por mi propia experiencia, yo mismo algunas veces voto, pero otras no, y es porque creo que hay tantos programas políticos como votantes, que en determinados momentos pueden no sentirse representados por ningún partido y ni siquiera se sienten motivados a votar sólo en clave de “premios o castigos”.

La política es un poco como el fútbol, donde se dice que hay tantos seleccionadores nacionales como personas. No creo que haya nadie con un partido cuyo programa político coincida al 100% con sus prioridades, y este es un área que los partidos deberían trabajar más junto a los think tank, los laboratorios de ideas, el manejo de las presiones de los lobbies, etc. Al final, cuando al ciudadano le prometes una cosa y haces otra, le generas frustración y pérdida de confianza en la política.

A todos nos gusta tener la certeza de que nos convence completamente nuestro voto y no sentirnos representados ideológicamente por ningún partido nos desilusiona y nos desmoviliza. A mí no me gusta el típico indocumentado que vota ése día porque no tiene otra cosa mejor que hacer y que no sabe lo que está votando. Y para mí no vale lo mismo un voto bien informado que un voto que le han metido al abuelo en el sobre o el del paisano al que le han pagado el bocadillo y el autobús, o el del voto cautivo que vota con las vísceras le digan lo que le digan. Me parece más valioso el votante independiente que condiciona su voto en función de lo que le ofrezcan a él y a su entorno, porque, al final, el interés general es la suma de intereses individuales. Puede sonar duro, políticamente incorrecto, pero la política es dura también.

Barnes cree que “después de las guerras de Bush y las torturas a terroristas, Obama entendió muy bien lo que quería la sociedad americana”. El decano de la UCJC advierte que hay candidatos conocidos, que pueden agradar, pero a lo mejor no defiende nuestros intereses, y no se le vota, por lo que el asesor de imagen no sólo trabaja sólo sobre la ropa y el estilo del político, sino especialmente sobre la percepción del votante.

La recomendación de Barnes a los equipos de campaña de los políticos es que cantidad no equivale a calidad, no por hablar más se ganan más votos (por ejemplo, si tu candidato no es “la alegría de la huerta” como Obama, no lo lleves a un late night a la fuerza, porque si parece un tipo aburrido y sin sentido del humor, te puede costar la elección).

Yo creo que quizá gana no el que acierta más en la campaña, sino el que se equivoca menos, porque al final es una carrera de fondo y el votante va tomando nota de todo, aunque las impresiones en la última semana de campaña puedan influír un poco más de lo normal.

Por éso hay que manejar al político con prudencia ante los medios y ante la sociedad, y entender cómo responde a los estímulos y cómo se comporta de la mano de los sociólogos.

Barnes cree que “los políticos confunden los problemas con las necesidades”, que lo que se necesita hoy no es lo mismo que lo que se necesita en otros momentos y que el político responsable debe poner el bien del país por delante del rédito electoral de su partido.

Finalmente, Santiago Barnes aclara que los asesores políticos deben mantener un perfil bajo, describen las distintas posibilidades y sus consecuencias y los políticos eligen una. Visto así, si los asesores son muy buenos casi dejan al político que empuje el balón a puerta vacía. Aunque quizá la experiencia diaria nos demuestra que ni mucho menos es tan fácil, lo estamos viendo con dilemas éticos como la venta de armas a Arabia Saudí a cambio de mantener miles de puestos de trabajo en Cádiz, o mejorar la vida de la gente aumentando el gasto social, pero poniendo en riesgo la estabilidad presupuestaria del Estado a futuro. Como siempre digo, las cosas no se ven igual desde el Gobierno que desde la oposición, y cuando se está en La Moncloa a veces hay que tomar decisiones impopulares y dolorosas.

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