Mi Decálogo de Principios

Mi Decálogo de Principios
1.-  Defensa de la socialdemocracia frente a las malas prácticas del neoliberalismo, el “darwinismo social” y los abusos del capitalismo.
2.-  Apoyar la mejora de unos servicios públicos universales y de calidad frente a los intereses particulares de quienes quieren hacer de los servicios y necesidades básicas un negocio.
3.-  Estimular la riqueza que supone la diversidad en los equipos de trabajo, la multiculturalidad y los derechos de las minorías y de las personas con discapacidad.
4.-  Aconsejar a los gobiernos que prioricen presupuestariamente la inversión (mal llamada “gasto social”) en los ciudadanos, que son los que sacan el país adelante, en los capítulos de sanidad, educación, pensiones, lucha contra el desempleo e inversión en I+D+i, especialmente en investigación médica.
5.- Poner el acento en la lucha contra el paro y la precariedad laboral como único elemento dinamizador posible del circuíto económico a través del consumo, no centrándose sólo en el paro juvenil, sino también en la inconstitucional discriminación por edad que supone la dificultad de los mayores de 40 años a la hora de ser contratados en el mercado de trabajo.
6.-  Apoyar las candidaturas de líderes políticos que defiendan los intereses de la clase media y trabajadora frente a los que sólo protegen los intereses de las élites (aunque, por desgracia, estos últimos lo suelen disimular muy bien).
7.-  La igualdad -que no homogeneidad ni “pensamiento único”-, junto al principio de tolerancia y solidaridad, debería ser el principio rector de todos los gobiernos. Debemos también conseguir que la redistribución de la riqueza y la igualdad de oportunidades de la que presumen las sociedades de “libre mercado” no sea sólo aparente.
8.-  Fomentar la globalización como “mal menor” (porque tiene graves desventajas, como la gran concentración del poder político y económico mundial, que, junto a la robotización y el transhumanismo, dibujan un panorama éticamente muy peligroso) en la lucha contra los radicalismos, los populismos y los nacionalismos excluyentes.
9.-  Ante los dramas humanitarios y la amenaza del cambio climático, no deberíamos sentirnos como habitantes de un país o conjunto de países, sino como ciudadanos del planeta que luchan por hacerlo habitable, ya que de éso depende nuestra supervivencia como especie.
10.-  Impulsar el activismo, el asociacionismo y la participación política de todo el tejido social, entendiendo la política no como una profesión o una forma de enriquecimiento económico, sino como una inquietud y una sincera contribución personal a la mejora y transformación de tu país.